El conflicto se ha enmarcado en un ambiente de acusaciones entre España y Alemania, con el consentimiento de Europa, y a menudo olvidando a los consumidores (que han sido los principales afectados). Para comprenderlo mejor, es oportuno recordar las fechas más relevantes desde el inicio de la crisis:
- El domingo 22 de mayo Alemania envió un comunicado a la Unión Europea alertando de que había un aumento considerable de pacientes con diarrea y otros síntomas propios de la bacteria E. coli.
- Unos días después, el jueves 26 de mayo, la senadora de Hamburgo señaló que el origen del brote eran unos pepinos provenientes de Andalucía. El Ministerio de Salud, que supo la noticia a través de los medios de comunicación, contactó con la consejería de Salud del Gobierno andaluz y tomaron algunas muestras de pepinos para analizarlas.
El viernes 27 España informó de la crisis sanitaria, a pesar de que enfatizó que no había pruebas para afirmar que el origen del brote estuviera en España.
- El lunes 30 de mayo, la Comisión Europea, consciente de las pérdidas que estaba sufriendo España, recomendó a los países europeos no cerrar fronteras con el mercado agrario español.
- El martes día 31 de mayo, la misma senadora de Hamburgo que cinco días antes había apuntado a España como el país de origen del brote, se desdijo y confirmó que el patógeno encontrado en los pepinos españoles no coincidía con el causante de la epidemia.
- El miércoles 1 de junio los resultados de las muestras tomadas por la consejería andaluza de salud, también dan negativo. En ese momento, la Comisión Europea levanta la alerta que señalaba los productos españoles como causantes del brote.
- El jueves 2 de junio, finalmente identifican la bacteria: una mezcla entre una ya conocida y otra más agresiva. A pesar de esto, todavía no se sabe del cierto el origen.
La epidemia de la bacteria E. coli ha provocado la muerte de 18 personas (todas en Alemania excepto una en Suecia). El origen del brote aún se desconoce. En los últimos días han apuntado a unas plantas de soja de Alemania, pero aún no hay pruebas fehacientes para demostrarlo.
Sin duda, los consumidores tienen que estar correctamente informados de cualquier anomalía en los productos que consume y que pueden tener efectos nocivos para su salud. Aún así, las autoridades europeas tendrían que haber actuado con más cautela. Muchas decisiones se han tomado de manera apresurada y errónea. Durante siete días se ha mantenido una alerta en Europa que apuntaba los productos andaluces como el origen de la bacteria E. coli. Algunos consumidores europeos, todavía hoy, se muestran reticentes a la hora de comprar productos españoles. Las pérdidas, sólo en Andalucía, se estiman en más de 75 millones de euros.
